Apnea del sueño
Es un problema común entre las personas que roncan, y es muy molesto para quien lo padece y para quienes duermen cerca. La buena noticia es que tiene un tratamiento muy eficaz, pero mientras tanto, deberías tomar algunas precauciones.

El término "apnea" (falta o suspensión de la respiración) se ha hecho muy popular. No por su vertiente deportiva, sino por los problemas que causa a quienes la padecen (en carne propia o ajena) durante las horas de sueño.

La escena es conocida: un durmiente que ronca, de pronto, deja de respirar. Y al empezar a hacerlo de nuevo, emite extraños ruidos y sacude las extremidades.

Como él, como ella, en el mundo hay miles de personas que de día respiran con normalidad pero que, cuando se quedan dormidos, sufren obstrucciones de las vías respiratorias altas parciales (de ahí los ronquidos) y totales (por eso la apnea). Éstas son las causas principales:

  • El colapso de las paredes laterales de la faringe (o, con menos frecuencia, de la pared posterior y la lengua).
  • Un estrechamiento anatómico fruto de la obesidad.
  • La hipertrofia amigdalar o adenoidea.

Esos sobresaltos pueden repetirse cientos de veces a lo largo de la noche, impidiendo que el sueño sea lo que debe ser, reparador, con lo que el individuo se ve afectado por un cansancio permanente que lastra su actividad y altera sus funciones intelectuales superiores (memoria, concentración, etc.).

Pero la apnea del sueño también puede provocar ansiedad, depresión o agresividad, y pérdida de la libido e impotencia. Y, aún más grave, su persistencia durante años aumenta la probabilidad de enfermedades cardiovasculares y el riesgo de muerte.

Para que no todo sea negativo, te adelantamos que la apnea del sueño tiene un tratamiento muy eficaz, por lo que si te reconoces en la descripción de síntomas que hemos hecho más arriba harás bien en acudir al médico (si no lo has hecho ya).

Mientras tanto, bueno será que tomes precauciones:

  • Di adiós al alcohol y el tabaco.
  • Si tienes sobrepeso, pierde unos kilos.
  • Duerme de costado mejor que boca arriba.
  • Establece y sigue unos horarios de sueño regulares.
  • Y si estás tomando medicamentos depresores de la respiración, habla con tu médico: quizá valore la posibilidad de retirártelos.

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