Caminar
Prácticamente no hay una sola parte de tu organismo que no se beneficie de la práctica de caminar habitualmente. Así que anda, sigue leyendo.

No son pocos los autores (Henry David Thoreau, William Hazlitt, Robert Louis Stevenson… por citar sólo a tres) que han elogiado el arte de caminar. Y no es de extrañar, caminar es bueno para el cuerpo y la mente. Lo agradecen nuestro sistema cardiovascular, los huesos y músculos e incluso el sistema metabólico, es útil, entre otras cosas, para controlar la diabetes.

Suponemos que a cualquiera se le deparan a lo largo del día ocasiones para caminar. Pero puede ocurrir que no, porque no nos referimos a un mero paseo, ni a un descuidado deambular. No: hablamos de andar a paso ligero y sostenido, no menos de una hora (a ser posible, diaria), vestido de manera deportiva (ropa que facilite la transpiración, calzado cómodo y flexible), en espacios amplios, sobre terrenos llanos, marcándote pequeñas metas, aumentando progresivamente la velocidad del paso. Incluso, si nos lo permites: no solo, no sola, sino en compañía de otros.

A la espera de que puedas hacer ese hueco en tu apretada agenda, te proponemos que empieces a alejarte de la vida sedentaria, paso a paso, mediante la adquisición de nuevos hábitos:

  • Olvídate de los ascensores.
  • Si puedes, renuncia a cualquier tipo de transporte, privado o público, y utiliza para todo el coche de San Fernando, ya sabes: un ratito a pie y otro andando.
  • Si eres usuario del transporte público y no estás en condiciones de dejar de serlo, quizá puedas al menos hacer esto: no coger el autobús o el metro en la parada más cercana, sino en la siguiente.
  • Cuando tengas que estar sentado muchas horas, levántate cada 50-55 minutos y camina 5 o 10.

Verás que, poco a poco, tu cuerpo se acostumbra al ejercicio y pide más marcha.

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