Síndrome de la clase turista
Al volar, a veces pasas muchas horas mal hidratado y con las extremidades inmovilizadas, propiciando la formación de coágulos. Es el llamado síndrome de la clase turista, que puedes prevenir siguiendo estos consejos…

La vida moderna se ha llenado de síndromes que definen situaciones viejas con nombres nuevos. Desde 1998, por ejemplo, llamamos Síndrome de la clase turista a una patología ya descrita. Nos referimos a la inmovilidad prolongada de las extremidades y la deshidratación que, en el transcurso de un viaje largo, dificultan la circulación de la sangre y contribuyen a la formación de coágulos. Coágulos que normalmente desaparecen sin dejar rastro, pero que en casos extremos pueden generar una trombosis profunda e incluso causar la muerte.

Por ello, si vas a emprender un largo viaje en avión no te vendrá mal tomar algunas precauciones:

Antes del vuelo, y siempre que no existan contraindicaciones, tómate una aspirina. Si puedes elegir, elige pasillo porque podrás estirar las piernas o levantarte sin depender del vecino. Si además puedes escoger fila, recuerda que los espacios entre asientos más amplios coinciden con las puertas de emergencia.

Durante el vuelo:

  • Lleva ropa holgada; si tienes riesgo de trombosis, utiliza medias o calcetines de compresión. Y evita el alcohol, el té y el café. Pero bebe mucha agua.
  • Procura no poner tu equipaje de mano debajo del asiento de delante, porque al hacerlo reduces aún más un espacio de por sí escaso. Y aprovecha el hueco: siéntate con las piernas estiradas, nunca cruzadas.
  • Libera tus pies: suelta los cordones si los llevas, o mejor aún, descálzate y ponte unos calcetines con suela.
  • Mantén el cinturón de seguridad lo suficientemente flojo como para que no te comprima, y lo suficientemente ceñido como para que te sujete en caso de emergencia
  • Aunque resistir la tentación puede ser difícil, no tomes fármacos hipnóticos ni pastillas para dormir: un sueño inducido, profundo, nos impide movernos con la regularidad necesaria.
  • Y moverse es importantísimo: levántate al menos cada hora, estírate aunque no sea muy elegante y da un par de vueltas.

Ten en cuenta, en cualquier caso, que para moverse no es imprescindible ponerse en pie. Aquí tienes algunos ejercicios que puedes completar sentado:

  • Inclina suavemente la cabeza hacia un lado, inspira, cuenta hasta tres, expulsa el aire y vuelva a la posición inicial. Ahora, lo mismo pero moviendo la cabeza hacia el lado contrario. Hazlo tres veces.
  • Estira los brazos hacia arriba, inspira, cuenta hasta tres, coloca los brazos detrás de la cabeza, expulsa el aire. Repítelo tres veces.
  • Junta los dedos de los pies, apóyate sobre ellos, eleva los talones y cuenta hasta tres. Seguidamente, apoya los talones en el suelo, separa los dedos, elévalos y vuelve a contar hasta tres. Hazlo todo tres veces.

Y una vez en tierra, evita en lo posible los ascensores, las escaleras mecánicas y las cintas transportadoras. Date un garbeo. Tu cuerpo te lo agradecerá.

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